Un giro de 360 grados hizo que sus planes de recorrer Sudamérica en bicicleta, se resumieran a un viaje sobre dos ruedas hacia Oxapampa, la tierra prometida de la Selva Central. Una odisea de cinco días que el ingeniero forestal Eduardo De la Cadena, con apenas 19 años, trajinó con el fin de buscar su pasión: servir a la naturaleza. Fue esa misma predilección por la naturaleza, la que lo llevó a vivir en medio de los bosques de montaña, con su armónica flora e inquieta fauna. Una aventura forestal que experimentó durante tres años en el Parque Nacional Yanachaga-Chemillén: uno como voluntario y dos como jefe del parque. “En Chemillén el agua se obtiene de los bosques de neblina. Su depredación es complicada debido a que el acceso es complicado. Actualmente no hay tala de árboles ni cacería furtiva”, recuerda sobre su cargo como guardián del área natural protegida. Ecoturismo y albergues Pero su visión del ecoturismo como un medio de conservación y reforestación, se aclararía durante una visita a Costa Rica, país centroamericano con el mismo clima y suelo que Oxapampa (Pasco). “Vi la mezcla de la naturaleza con el turismo, me enganchó y lo compartí en esta tierra”, cuenta su plan de vida. Es así que decidió enseñar todo lo aprendido a los comuneros y colonos, siendo la premisa de su predicamento el ser amigables con el medioambiente. Otro de sus proyectos fue la construcción de un albergue ecológico, de un refugio natural en medio de la Reserva de Biosfera Oxapampa-Asháninka-Yánesha, que sería bautizado como ulcumano. “Si se invirtiera más en infraestructura y vías de comunicación, Oxapampa podría convertirse en una potencia del ecoturismo y el turismo de aventura”, dice con esperanza. Lo mejor de todo -agrega Eduardo- es que este destino ecoturístico es el más cercano a la capital. Su albergue es un eslabón en esa cadena. Ulcumano cumple con los parámetros internacionales para ser considerado un albergue ecológico: la madera utilizada en su construcción proviene de plantaciones y se ahorra escrupulosamente el agua y la luz. El compromiso de Eduardo con el monte es profundo y se mantiene fuerte como los árboles oxapampinos. Hoy, a sus 39 años, él es considerado el protector de los bosques de neblina y como un yanesha nacido en la ciudad, pero formado en el monte. El dato Eduardo De la Cadena trabaja eventualmente con voluntarios de una ONG estadounidense, quienes lo apoyan en la investigación del ecosistema y la conservación.

  • Fuente: http://larepublica.pe/turismo/personajes/784436-eduardo-de-la-cadena-el-guardian-de-los-bosques-de-neblina
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