Gracias a la conservación de bosques, la comunidad El Chino es menos vulnerable a los efectos de este fenómeno En medio de la diversidad amazónica y lejos del ruido citadino de Iquitos, se encuentra una comunidad que se ha dado a conocer por su capacidad de organización y uso adecuado de los recursos naturales, lo que conlleva a ser menos vulnerables ante el cambio climático. Desde sus inicios esta comunidad ha mostrado su preocupación por el cuidado y buen uso de los recursos. Los moradores se proyectaron al futuro, reconociendo que tarde o temprano estos se agotarán y los más perjudicados serán las generaciones futuras. La comunidad El Chino se encuentra en un área privilegiada, ubicada en la zona de amortiguamiento del Área de Conservación Regional (ACR) Tamshiyacu Tahuayo, a la margen del río Tahuayo, en el distrito Fernando Lores, provincia de Maynas (Loreto). Esta comunidad se encuentra ubicada a 60 kilómetros de distancia al sureste de la capital de la Amazonía peruana, y pasó a la historia por ser el principal impulsor para la creación del Área de Conservación Regional (ACR) Tamshiyacu Tahuayo. Dada la vida económica del lugar, los pobladores mantienen contacto directo con el ámbito más cercano a la comunidad, el centro poblado de Tamshiyacu y posteriormente la ciudad de Iquitos. La principal actividad económica de El Chino se basa en la agricultura, el turismo y la artesanía. Esta última es aprovechada por la gran diversidad que existe en la zona debido a la protección y conservación de los bosques, como es el caso de la Chambira. Durante mucho tiempo las artesanas extrajeron la fibra de la Chambira de manera inadecuada. Aprovechaban el producto sin pensar en el impacto que podría tener este en el medio ambiente. Sin embargo, las artesanas han empezado a trabajar con un plan de manejo para evitar la desaparición de la materia prima, señala Estela Loayza, Presidenta de la Asociación Manos Amazónicas. La historia de protección de los bosques en la comunidad El Chino data de hace más de 30 años, cuando los fundadores de la zona decidieron proteger el lugar a toda costa con el objetivo de preservar la biodiversidad que los rodea. El presidente de manejo de recursos, Alfonso Rojas, señala que han establecido un plan de manejo basado en la conservación de flora y fauna, reforestación y patrullaje fluvial y terrestre en la zona. Este mecanismo les permite contar con una diversidad de productos a lo largo del año a pesar de ser afectados por las lluvias y sequías que cada vez son más constantes e intensas. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático (IPCC), la conservación de bosques forma parte de los lineamientos de adaptación y mitigación al cambio climático, quizás esta información es desconocida por los pobladores de El Chino. Los habitantes de El Chino señalan que en los últimos años, a causa del constante cambio en el clima, sus plantaciones se ven afectadas, impidiendo la etapa de producción. Ante esto, el Jefe del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), Marco Paredes, indica que hay un incremento en la temperatura el cual produce un cambio sustancial en la aparición de microclimas. Esto, según indica, son efectos del cambio climático. Esta situación también afecta directamente a las artesanas quienes pierden materia prima a causa de las constantes lluvias y sequías. La presidenta de la Asociación de Artesanas, Manos Amazónicas, Estela Loayza, señala que el año 2012 la comunidad El Chino estuvo inundada ocasionando la muerte de las plantaciones de palmeras que utilizaban para la confección de las artesanías. Ángel Collantes Freitas, director de Certificación Ambiental del Autoridad Regional Ambiental (ARA) Loreto, señala que el cambio climático afecta directamente a las comunidades vulnerables siendo el rubro de la agricultura, la pesca y el turismo los más afectados por este fenómeno. A pesar de los efectos del cambio climático, el biólogo Luis Alberto Giusseppe Gagliardi Urrutia, indica que la comunidad El Chino es menos vulnerable a este fenómeno, ya que aprendieron a adaptarse en épocas de intensas lluvias o sequías, los pobladores de la comunidad aprovechan, según las temporadas, los diversos productos que les provee la naturaleza. Para Ángel Collantes, la comunidad de El Chino se ha ido adaptando al cambio climático de manera empírica, aplicando conocimientos ancestrales tales como la construcción de sus viviendas, la siembra de la chambira en la zona alta, y la cosecha de frutos estacionales. Pese a que comunidades como El Chino buscaron adaptarse al cambio climático, otras aún sufren los embates de la naturaleza porque no han sabido utilizar tanto los conocimientos ancestrales como los modernos para una debida adaptación. Este problema ya se extiende por cada rincón de la Amazonía, donde la supervivencia de especies de flora y fauna se pone en juego cada día, y por supuesto también la vida de los seres humanos que necesitan de estos recursos.

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