En el mes de octubre, casi 250,000 acres, más de 8,000 hogares y más de 40 personas fueron víctimas de incendios forestales de rápido movimiento en el norte de California, el más mortífero y uno de los más costosos en la historia del estado. Ahora más incendios forestales impulsados por el viento han arrasado más de 170,000 acres en los condados de Ventura y Los Ángeles, forzando a miles a evacuar y cerrando cientos de escuelas.

Esta desastrosa temporada de incendios plantea preguntas difíciles. ¿Por qué algunas comunidades que se consideraron seguras sufrieron daños importantes? ¿Deberían ser reconstruidos de la misma manera? ¿Hay mejores formas de combatir incendios extremos y limitar su impacto? ¿Cómo pueden los planificadores de emergencias prepararse mejor para los escenarios donde la evacuación completa no es posible?

Este es un desafío global. Brasil, Indonesia, muchas partes de África y Canadá típicamente experimentan incendios forestales más grandes (medidos por áreas quemadas) que los Estados Unidos en un promedio anual. Este año, Chile y Portugal también han sufrido enormes pérdidas. Los incendios del llamado Sábado Negro de Australia ocurridos en 2009 fueron el peor evento de incendios jamás realizado.

El fuego es parte de los ecosistemas en gran parte del mundo, por lo que las sociedades deben aprender a vivir con él. Sin embargo, hay muchos retos que aún no comprendemos bien: ¿Cuál es la forma más eficiente de proteger el área donde las casas se encuentran o se entremezclan con la vegetación silvestre no desarrollada? ¿Y cuál es la mejor manera de evacuar?

Desde mi punto de vista y el de otros investigadores, en muchos países (incluido Estados Unidos) no se está financiando suficiente investigación para responder a estas interrogantes.

Los incendios forestales están aumentando y afectando a más áreas en todo el mundo. Una de las causas es la expansión urbana y la expansión dramática de la interfaz urbana. En la década de 1990, esta zona aumentó en casi un 11% en California, Oregon y Washington, agregando más de 1 millón de unidades de vivienda, principalmente en áreas de riesgo de incendio moderado a alto. Al mismo tiempo, el cambio climático está creando condiciones peores y más frecuentes de incendios forestales.

Nadie puede controlar el clima, que probablemente se vuelva cada vez más extremo, pero es fundamental hacer más para comprender las vulnerabilidades relacionadas. Esto es especialmente cierto para las áreas donde coexisten las casas y las zonas forestales.

Los científicos han identificado algunos factores que crean estos riesgos, incluida la facilidad con la que las casas se encienden y la propagación del fuego entre las estructuras, pero desarrollar soluciones requerirá cuantificar los riesgos. También está pendiente aún evaluar cómo el tratamiento de la vegetación, el endurecimiento de la estructura y un mejor diseño de la comunidad pueden disminuir la probabilidad de ignición estructural y propagación del fuego.

Vientos, llamas y combustibles

Los estándares y regulaciones de construcción y protección contra incendios de EEUU han mejorado en los últimos 10 a 15 años, particularmente en California, pero muchas comunidades aún son extremadamente vulnerables. Las mejores prácticas, como el llamado programa Firewise de la National Fire Protection Association y Fire Safe de California, son un buen comienzo, pero deberían ampliarse en función de la investigación.

Es verdad que la comprensión de las vulnerabilidades a nivel estructural también está mejorando, pero aún no es suficiente. Hoy sabemos que una vez que el fuego se traslada de las tierras silvestres a las áreas desarrolladas, las llamas se alimentan de viviendas y estructuras envueltas, creando conflagraciones. Por eso también sabemos que un mejor diseño de la comunidad podría ayudar a detener este efecto dominó, evitando pérdidas masivas de propiedades y evacuaciones.

¿Cómo hacerlo? Los expertos sugieren que, por ejemplo, las comunidades más vulnerables deberían intercalar áreas inflamables como vegetación, casas y automóviles con áreas mucho menos inflamables o no inflamables como estacionamientos y áreas limpias de vegetación. Esta estrategia puede disminuir la intensidad del fuego, disminuir los incendios y romper frentes de fuego grandes en dedos más pequeños que son más fáciles de combatir.

Otra prioridad es el papel de los materiales de construcción inflamables. La ignición estructural a menudo comienza con brasas, pedazos de leña que se elevan por los vientos, y puede propagar incendios forestales más allá de barreras y cortafuegos, pero los científicos aún están trabajando para cuantificar su impacto.

Otros factores que influyen sobre si y cómo se propagarán los incendios forestales son la intensidad del fuego, la intensidad del viento y la cantidad de brasas.

Falta comprender en detalle cómo es que se encienden las estructuras y cuál sería la distancia óptima entre las estructuras y la vegetación (o la distancia entre las estructuras entre sí) que podrían evitar la propagación del fuego. Incluso, se debe evaluar mejor cuál es el papel de la tierra en las estructuras.

Pienso que los investigadores deberían tratar de diseñar modelos de estructuras suficientemente versátiles como para adaptarse a diversos escenarios de fuego (con exposiciones distintas a las llamas).

Esa investigación puede ofrecer respuestas a pequeña escala sobre dónde se debe eliminar la vegetación inflamable, cómo podar árboles que hacen las zonas más vulnerables a incendios o como sustituir materiales de construcción por otros que sean menos inflamables. Luego se podrían desarrollar estrategias de mayor escala como el rediseño de las comunidades.

Mayores costos, financiamiento modesto

En EEUU la investigación de incendios está financiada por el U.S. Forest Service, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología y otras agencias federales. Además, las universidades reciben fondos a través del Joint Fire Science Program, que es financiado conjuntamente por el Departamento del Interior y el Servicio Forestal. También existen programas de investigación ambiental del Departamento de Defensa, la NASA y la Fundación Nacional de Ciencia.

El financiamiento federal para la investigación de incendios es mucho menor comparado con el costo de la lucha contra los incendios forestales y el daño económico que causan.

Por ejemplo, en este 2017, el Departamento del Interior recibió apenas 6 millones de dólares para el Programa Conjunto de Ciencia de Incendios. Mientras que el Servicio Forestal recibió alrededor de $27 millones para el Programa Nacional de Investigación y Desarrollo de Incendios y el Programa Conjunto de Ciencia de Incendios.

Pero la situación puede empeorar. Según se prevé, la propuesta de presupuesto del presidente Trump para 2018 pondría fin a la participación del Servicio Forestal en el Programa Conjunto de Ciencia contra Incendios y reduciría los fondos del Departamento del Interior para el programa a $3 millones, lo que significaría que no se financiarían nuevos proyectos.

Muchos miembros de la comunidad de investigación están preocupados por esta falta de inversión. En comparación, el Servicio Forestal y el Interior juntos gastaron casi $2,000 millones en 2016 en la lucha contra los incendios forestales. Y las estimaciones preliminares de daños para los incendios forestales de California oscilan entre $1,000 millones y $6,000 millones o más.

Presiones similares han deteriorado el financiamiento para la investigación en prevención de incendios forestales en Portugal. El financiamiento para la lucha contra incendios también ha disminuido en Rusia, donde los grupos ecologistas afirman que la cantidad de incendios es subestimada significativamente.

Las condiciones de fuego están en constante evolución, por eso la investigación básica junto con las soluciones de ingeniería deben mantenerse al día.

Diseñar comunidades e infraestructuras más resilientes para proteger a las personas de manera más efectiva deben ser objetivos prioritarios y constantes. Actualmente, las naciones no están logrando el desafío, y por eso, el número de víctimas e impactos en las comunidades están aumentando.

*Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Conversation. El autor autores es Albert Simeoni, Profesor de Ingeniería de Protección contra Incendios del Worcester Polytechnic Institute.