Puerto Esperanza es la capital de Purús, una de las cuatro provincias que conforman Ucayali. Es una comunidad de menos de cinco mil habitantes, más próxima a la frontera con Brasil que a Pucallpa, la capital del departamento. La ciudad está prácticamente aislada: sus habitantes no pueden salir por tierra y por río solo se puede llegar a Brasil. La única conexión con el resto del país son “vuelos cívicos” que realizan las Fuerzas Armadas o caros vuelos comerciales. En el mismo Puerto Esperanza las condiciones no son mejores: no hay agua potable, electricidad solo algunas horas por día y postas médicas desabastecidas. Ante este escenario surgió una propuesta, avalada por el alcalde de Puerto Esperanza, el congresista por Ucayali Carlos Tubino y el cuestionado párroco de Puerto Esperanza (Miguel Piovesán), para construir una vía terrestre que uniría Puerto Esperanza (Ucayali) con Iñapari (Madre de Dios). La propuesta no contó con la aprobación del Sernanp, del Ministerio del Ambiente (Minam), la Defensoría del Pueblo, el Ministerio de Cultura ni el de Transportes. Además fue rechazada por los pueblos indígenas, la sociedad civil y la comunidad internacional. Sin embargo, ha dividido a la población porque se considera que una vía terrestre no necesariamente solucionaría los problemas sociales de la provincia de Purús y además amenazaría la Reserva Territorial Madre de Dios, el Parque Nacional Alto Purús y la Reserva Comunal Purús. En Actualidad Ambiental conversamos con Rafael Pino, jefe de la Reserva Comunal Purús, y Enrique Nonato, representante de Ecopurús (Ejecutor del Contrato de Administración de la Reserva Comunal Purús), quienes alertaron sobre los riesgos que significaría esa vía terrestre: una amenaza al territorio y la vida misma de los pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial que habitan en la zona, la tala ilegal de la mayor reserva de árboles de caoba que queda en el país, invasiones, deforestación, disminución de biodiversidad y un incremento del narcotráfico en la frontera con Brasil. ¿En Puerto Esperanza quiénes están a favor de la carretera? Rafael Pino: El alcalde de Puerto Esperanza como persona está a favor y un pequeño grupo que se puede subdividir en dos: los trabajadores del municipio de Puerto Esperanza y estudiantes del Instituto Tecnológico que están condicionados porque el párroco es casi como el director y si no apoyan la carretera, no reciben apoyo. También hay un centro preuniversitario de la Universidad de Ucayali, donde hay 30 o 40 jóvenes que están a favor de la carretera por el convenio que existe entre la universidad y el párroco. Si el párroco ve que no apoyan a la carretera les va a decir vete. Hay otro grupo en cambio que aparentemente no recibe muchos beneficios: algunos comerciantes y personas que viven en Puerto Esperanza, allegados al párroco o que de alguna manera tienen un acercamiento con él. También se puede sumar a los del Consejo Parroquial y algunos profesores de la UGEL. En las comunidades nativas no hay quien apoye la carretera por convicción. Uno de los puntos donde hay consenso es que en Purús hay condiciones de vida que deberían mejorar. ¿Cuáles son las condiciones de vida allá? Rafael Pino: Son condiciones pésimas, las peores del país. En la posta médica no hay medicinas todo el tiempo, no hay doctores especializados, tampoco equipos médicos como rayos X. A veces funcionan algunas pruebas de laboratorio. Pero en el caso del agua potable no hay ni una gota. En transporte, hacia el Brasil hay comercio de víveres por vía fluvial, pero hacia Perú solamente hay vuelos. Y ahora se ha encarecido porque solo hay vuelos de acción cívica cada 15 días de la Fuerza Aérea y vuelos comerciales a 400 soles, que es carísimo. Eso está encareciendo el transporte hacia Pucallpa. ¿El costo de vida es muy elevado? Rafael Pino: Mucho se quejan el alcalde y el cura de que todo es caro, pero cómo no va a ser caro si todo viene de afuera: el arroz, azúcar y las gaseosas vienen de Brasil por río. Si bien resulta más barato que traerlo de Perú, sigue siendo caro. De Pucallpa se trae latas de filete de atún, herramientas y combustible. Las autoridades, como el municipio por ejemplo, deberían ser uno de los primeros en impulsar la producción local y no lo están haciendo. ¿Por qué se tiene que comprar arroz, azúcar o gaseosas de Brasil si en Purús hay un instituto que está liderado por el párroco, que tiene carreras como industrias alimentarias? En otras partes del país esta carrera produce productos derivados de la leche, bebidas y néctares. En cambio, este instituto solo produce algunas cosas como agua potable, pero como que no le dan mucha promoción. Incluso nosotros como Sernanp hemos ofrecido apoyo al instituto para que hagan tesis y podamos hacer ferias juntos promocionando el producto local. Sí es posible, usando la fauna que se caza y se consume, la carne de monte, para que sea procesada y comercializada con un valor agregado y con un registro. Pero hasta el día de hoy el instituto no nos da una respuesta. ¿Por qué la carretera no sería una solución para los problemas de Purús? Si no hay producción local, ¿qué se va a vender? Rafael Pino: Esa misma interrogante la resolvió la ministra del Ambiente cuando tuvimos una reunión (la semana pasada) con el alcalde de Purús en Lima, junto al congresista Tubino y el párroco. La ministra le preguntó al alcalde: ¿qué producen en Purús o qué promocionan para producir? Y no había respuesta. El alcalde, el congresista y el cura dicen que Purús está de lo peor, pero todos esos problemas que hay en Purús, ¿realmente los va a resolver una carretera? Y ella misma responde que no cree que una carretera va a resolver todos los problemas. Y en mi opinión, como jefe de reserva, digo ¿en qué lugar de la Amazonía una carretera ha solucionado todos los problemas sociales de una población? No conozco ni uno. Pueden haber mejorado algunas cosas, eso lo reconozco, pero yo más veo problemas ambientales, sociales y hasta económicos. Tubino, en su proyecto de ley, no sé si de manera inocente, pone como condición que se va a hacer la carretera y se va a respetar las áreas naturales protegidas. En un mundo ideal donde el peruano respetara las leyes, normas y autoridades, se haría la carretera y nadie ingresaría a esos bosques a sacar madera. Pero todos sabemos que son dos áreas naturales protegidas y una reserva territorial, hay árboles de caoba en el trayecto, y no hay cinco o diez, hay miles de árboles de caoba comercial, ¿van a creer que se van a respetar esas caobas? Y pasa no solo en el Perú, todo Latinoamérica tiene ese problema con las carreteras en la Amazonía: Bolivia, Brasil, Colombia, Venezuela y Ecuador, donde se ha demostrado que todas las carreteras han servido para saquear recursos. El párroco en la reunión con la ministra dijo algo que ya había escuchado de él hace tiempo: “¿por qué me prohíben una carretera? Es como si usted me dijera que no debo utilizar un cuchillo porque me puede cortar, pero también se puede usar para cocinar. ¿Por qué me prohíbe usar un cuchillo? Igual con la carretera: ¿por qué me prohíbe hacer una carretera si va a ser para cosas buenas, no malas?” Esa lógica es absurda. El problema no va a ser nunca la carretera ni el cuchillo. El problema va a ser qué hacemos con esa carretera y con ese cuchillo. Si el cuchillo lo usa un demente ¿qué va a hacer? Si va a haber un empresario ilegal pro-oro en esa carretera, ¿cómo la va a utilizar? Eso ya lo sabemos. ¿Cómo están tomando en Brasil la posibilidad de construir la carretera? Enrique Nonato: Hemos asistido a un evento de los tres países: Perú, Brasil y Bolivia. He conversado con el Secretario General del Medio Ambiente de Acre y no tenía conocimiento (del proyecto de construir la carretera). Se preocupó bastante porque a ellos les afecta por la contaminación del Alto Purús, por la cabecera. Serían los más perjudicados. El Secretario General del Medio Ambiente dijo que nos podría ayudar con personal indígena especializado o buscar alguna solución si es que se requiere elaborar o buscar proyectos, porque nosotros como pueblos indígenas queremos ver qué facilidad nos da el Estado. No queremos que se nos regale (algo) sino que haya algún proyecto. Rafael Pino: Se ha firmado un documento y pronto saldrá en la prensa: los comités de gestión de todas las áreas protegidas del país se han puesto de acuerdo y han firmado un pronunciamiento en contra de esta propuesta. ¿Si se construyera la carretera, qué se amenazaría? Rafael Pino: En primer lugar está el tema de las invasiones. Todas las carreteras en Amazonía siempre han servido para invadir. También está la deforestación, que está vinculada a la tala ilegal. No dudo en ningún momento que esas caobas van a ser arrebatadas. Otro problema es que en la zona de Purús ya existe narcotráfico. No en sembrío pero sí en transporte. Con una carretera en ese sector, en la frontera con Brasil, dudo mucho que un narcotraficante no vaya a pensar en utilizarla. Eso va a ser una facilidad para ellos (para trasladar drogas a Bolivia y Brasil). Luego está la contaminación. Quieren hacer pasar la carretera dentro de áreas naturales protegidas. Estas áreas no se crean por gusto, ni en cualquier lugar, tampoco sin base técnica. Se crean porque protegen algo. Y en el caso de estas áreas naturales protegidas y los bosques de los pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial, tienen cabeceras de cuencas, lugares donde nacen los ríos y las quebradas. Cualquier residuo que pueda generarse en ese sector va a afectar obligatoriamente a la población que está más abajo, ya sea población humana, de fauna o flora. Es un riesgo altísimo. Finalmente algo que no nos compete como Ministerio del Ambiente, pero sí debo mencionar: los pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial. Hay que reconocer, y eso es lo que no reconocen los señores Tubino, el alcalde de Puerto Esperanza y el párroco de la provincia, que hay vidas humanas que se va a poner en riesgo en ese trayecto de la carretera. Si el cura defiende la vida, si es un discípulo de Jesucristo, debería ser el primero en defender la vida humana. Pero él prefiere pasar por encima de los pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial sin importar su afectación. No olvidemos que en estas poblaciones no solamente hay adultos, también hay niños. Hay evidencia fotográfica y fílmica de cómo están viviendo ahí: niños, mujeres, jóvenes, adultos, ancianos. Yo soy testigo ocular, yo los he visto en avioneta, y mis colegas han visto sus huellas, rastros y flechas.

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