La deforestación de los bosques tropicales del mundo ha contribuido al cambio climático produciendo hasta un 15% de las emisiones globales de dióxido de carbono, apuntó el World Resources Institute. Árbol a árbol, más de una docena de gobiernos africanos se comprometieron el domingo restaurar los bosques naturales del continente en las conversaciones sobre clima de Naciones Unidas en París. El planeta ha perdido más de la mitad de sus masas arbóreas en el curso de la historia de la humanidad, según el World Resources Institute. La deforestación de los bosques tropicales del mundo ha contribuido al cambio climático produciendo hasta un 15% de las emisiones globales de dióxido de carbono, apuntó la organización. La iniciativa AFR100 es un compromiso de las naciones africanas para recuperar 100 millones de hectáreas (sobre 386,000 millas cuadradas) de bosque para 2030, según el ente. “Mientras el mundo forja un acuerdo sobre clima en París, los países africanos — que tienen la menor responsabilidad histórica por el cambio climático — muestran liderazgo con compromisos ambiciosos para recuperar la tierra”, dijo Andrew Steer, presidente y director ejecutivo de World Resources Institute. Wanjira Mathai, hija de la fallecida premio Nobel keniata Wangari Maathai, dijo que el proyecto de reforestación AFR100 no tiene precedentes. “He visto esta restauración en comunidades tanto grandes como pequeñas en toda África, pero la promesa de un movimiento de ámbito continental es verdaderamente inspirador”, dijo Mathai, presidenta de Green Belt Movement, organización fundada por su madre. Agregó que recuperar el paisaje fortalecerá y enriquecerá a comunidades rurales al tiempo que proporcionará beneficios para todos los que viven en ciudades. “Todo el mundo gana”, dijo. Durante el Foro Global sobre Paisajes de la cumbre sobre clima auspiciada por Naciones Unidas, el Banco Mundial y el gobierno de Alemania entre otros socios, establecieron un fondo de desarrollo de US$ 1,000 millones y otro fondo privado de US$ 540 millones para financiar la reforestación en África. Más de una docena de países africanos, incluyendo Etiopía, Kenia, Uganda, Burundi y Ruanda, han prometido millones de hectáreas para el proyecto. Países del África Occidental próximas al Sahara se han comprometido también a plantar más árboles para frenar la expansión del desierto, que destruye cada vez más tierras de cultivo. “Recuperar nuestros paisajes trae prosperidad, seguridad y una oportunidad”, dijo Vincent Biruta, ministro de Recursos Naturales de Ruanda. “Con la recuperación del paisaje forestal vemos un aumento en el rendimiento de la agricultura, y los agricultores en nuestras comunidades rurales diversifican sus medios de vida y mejoran su bienestar. La restauración no es solo una estrategia medioambiental, es también una estrategia de desarrollo económico y social”, mencionó. Entre los países comprometidos está Madagascar, cuyos bosques acogen a algunas de las plantas y animales más singulares del mundo. Todos están amenazados por la deforestación. Imágenes captadas por satélite de la isla muestran como sus bosques han sido talados y quemados, según World Wildlife Foundation. Para los astronautas que la ven desde el espacio, Madagascar desangrarse hacia el océano mientras su rica tierra roja, erosionada por décadas de tala no regulada, llega al mar dejando tras de sí una superficie llena de cráteres no apta para la agricultura, dijo la fundación. Algunos de los compromisarios acogen la cuenca del Congo, calificada por los conservacionista como el segundo mayor pulmón de la Tierra, por detrás de la del Amazonas. La República Democrática de Congo ha prometido aportar 8 millones de hectáreas (20 millones de acres) al proyecto. Pero estas promesas pueden enfrentar problemas de parte de la industria maderera mundial, agravaba por la tala ilegal, que es la mayor causa de deforestación, según el grupo de protección del medio ambiente Greenpeace. A pesar de las leyes para evitarlo, nunca ha sido más fácil talar árboles ilegalmente en la cuenca del Congo, apuntó. Si la iniciativa prospera, mejorará las vidas de quien residen junto a los bosques y el ecosistema en su conjunto, dijo Victorine Che Thoener, responsable del proyecto de Greenpeace para la cuenca del Congo. “Pero muchos de estos países africanos hacen estas promesas con la esperanza de recibir financiación”, dijo Che Thoener, que trabaja desde Camerún, uno de los países por los que pasa el Congo y que firmó el pacto. “Se habla mucho, pero no hay mucha acción sobre el terreno”, anotó. Iniciativas de conservación similares fracasaron porque no incluyeron la formación necesaria y herramientas para monitorear los avances, explicó Che Thoener. Consciente de estos desafíos, el World Research Institute está trabajando en un proyecto de vigilancia que incluye observación desde satélites y sobre el terreno, dijo Sean De Witt, director de la iniciativa global de restauración del grupo.