A tres meses de las elecciones, y ya avanzada la campaña presidencial, uno de los grandes ausentes entre los ofrecimientos de los candidatos continúa siendo la gestión ambiental. Una omisión significativa, si se considera que el Perú tiene casi 23 millones de hectáreas (17,22% del territorio) distribuidas en 179 áreas naturales protegidas, que solo durante el 2015 generaron S/.57 millones en bonos de carbono. “Que en una campaña no se dediquen ni dos líneas al medio ambiente solo se explica de una forma: no se entiende que la protección va de la mano con la generación de recursos. Todas las ofertas de empleo, de desarrollo, de mejores sueldos pueden resolverse con la puesta en valor de las áreas naturales. El desarrollo se basa en un trípode donde está lo social, lo económico y lo ambiental. Sin alguno de ellos, todo se viene abajo”, afirma Marc Dourojeanni, ex director general forestal y de fauna del Ministerio de Agricultura y actual consultor en manejo de recursos naturales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Banco Mundial, la Organización de Estados Americanos (OEA), entre otros. —El ambiente ha sido abordado por algunos candidatos, pero como parte de su interés por retomar proyectos extractivos como Conga y Tía María, detenidos por conflictos sociales. Y en buena hora que se discutan. Los ambientalistas reconocemos que ambos proyectos, aunque tienen impactos, deben hacerse, pero bien. Debe haber diálogo y orden. Los conflictos surgieron porque los estudios de impacto ambiental estaban mal hechos. Si se desea llevarlos adelante, el Estado debe liderar la negociación entre los inversionistas y los que protestan, cada cual con sus intereses. —¿Considera que el gobierno de Ollanta Humala obtuvo logros en medio ambiente? Sí, la aprobación del Parque Nacional Sierra del Divisor, la creación del Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (Senace). Sin embargo, también ha tenido grandes retrocesos, como la aprobación de proyectos de supuesto interés nacional, sin consideraciones ambientales como la interconexión eléctrica entre Moyobamba e Iquitos, que va a abrir una enorme faja de selva virgen, y nadie ha explicado la utilidad de hacer esa obra en este momento. O la Interoceánica Central, que no tiene pies ni cabeza, pues tenemos una sur y una norte, en las que no se transporte gran cosa hasta hoy.