Muy poca gente sabe que Reforesta Perú, una empresa familiar peruana obtiene importantes dividendos a partir de un negocio poco usual a la vista de muchos peruanos: la plantación de árboles. Al año esta firma logra plantar alrededor de un millón de árboles en los bosques peruanos. Este emprendimiento es tan solo la punta del iceberg de los negocios forestales. Estas actividades han agarrado fuerza en la última década y, según Fabiola Muñoz, directora ejecutiva del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), ya han comenzado a diversificarse. Uno de los negocios más jóvenes y que gana poco a poco terreno es el de las plantaciones forestales comerciales. A diferencia de las concesiones forestales con fines maderables en los bosques de producción permanente (áreas de dominio público donde es posible entregar este tipo de concesiones), este negocio involucra a proveedores que, en terrenos privados, siembran, cuidan y cultivan árboles. Estas empresas son responsables, además, de convertir esos árboles en madera. Una de ellas es Reforesta Perú, firma familiar creada en 2008. Según cuenta Enrique Toledo, director gerente de la compañía, la empresa destina también recursos para investigar y manejar la genética de los árboles que siembran, lo cual en el largo plazo ayuda a potenciar su productividad de madera. Hoy Reforesta Perú tiene una amplia gama de clientes: corporativos –que en algunos casos ya tienen presencia en el sector agroindustrial o en otro tipo de negocio y desean ingresar al forestal–, familias, cooperativas agrarias, entre otros. “Hemos plantado 275.000 árboles en 248 hectáreas para Backus”, pone como ejemplo Toledo. Adicionalmente la firma –que planta especies locales (caoba, cedro, etc.) y exóticas (teca, pino caribaea, etc.)–posee fincas propias, donde han sembrado alrededor de 50.000 árboles para ellos mismos. De acuerdo con Toledo, la inversión de los privados es redituable para ellos no solo por la futura venta de la madera, sino también porque los árboles se pueden convertir en activos biológicos que mejoran los estados financieros de las empresas. “Por cada dólar invertido, nosotros generamos veintidós veces ese valor una vez que el árbol está maduro”, dice el ejecutivo. En 2016 Reforesta Perú espera plantar 1.200.000 árboles y aumentar su facturación en por lo menos 30%. Otro jugador relevante en este mismo negocio es Reforestadora Amazónica. Con 400 trabajadores, la empresa ya tiene plantadas 4.000 hectáreas y administra alrededor de 12.000 (principalmente de terceros). Según el gerente general de la firma (que planta capirona, bolaina y teca), Felipe Koechli, el potencial que tiene el país para seguir desarrollando el negocio de plantaciones forestales es alto. “En el Perú tenemos cerca de 30.000 hectáreas de plantaciones forestales, mientras que Chile posee casi 3 millones. Todas las regiones amazónicas de selva baja tienen potencial [para este negocio]. Muchos de nuestros árboles crecen de forma más rápida que en otros países. Esa es una tremenda ventaja competitiva”, detalla. La empresa también ha dado un paso más, y ya transforma la madera que producen las plantaciones. “Ya hacemos tablas. Y también una segunda transformación que es a productos como zócalos y parqués”, indica Koechli. Según el ejecutivo, la nueva figura de las concesiones de reforestación puede ayudar a sacar adelante el negocio de las plantaciones. “Son concesiones en las que se entregan áreas deforestadas que son propiedad del Estado”, explica. Se calcula que actualmente existen en el Perú alrededor de 9 millones de hectáreas deforestadas. “Si solo el 30% de estas se ponen en valor para actividades forestales, podemos ser una potencia en este sector”, dice el ingeniero forestal y experto en este tipo de negocios Manuel Mávila. Pero el abanico de negocios no concluye ahí. De hecho, según la Asociación de Exportadores (ADEX), el Perú ya elabora diferentes productos a base de madera, como hojas, chapas, láminas, tableros de fibra y partículas, muebles, partes, entre otros. Pero además de los recursos maderables y sus derivados, el Perú está en capacidad de producir cultivos no maderables. Según Fabiola Muñoz, de Serfor, el Perú ya desarrolla cultivos como algarrobo, castaña, entre otros. La funcionaria también destaca que se vienen desarrollando productos para la cosmética. “Natura, por ejemplo, basa su producción en recursos de los bosques tropicales”, dice Muñoz. Rezago y potencial. Pese a que el Perú ya aprovecha más sus bosques respecto a hace algunos años, el país se encuentra bastante rezagado respecto a otros mercados de la región. Por ejemplo, Chile exporta alrededor de US$ 6.500 millones en productos maderables, mientras que en el Perú, pese tener la segunda más grande extensión forestal de Sudamérica, solo se efectúan envíos por alrededor de US$ 150 millones anuales. “Hay dos realidades en el negocio forestal chileno. La primera trata de la explotación de materia prima sin valor agregado, como gran parte de lo que se produce en Chile, criticada por su relación con la baja generación de empleo y el uso de mano de obra de baja calificación que se traduce en bajos salarios. El negocio de la celulosa, que explica el 1% del PIB, es importante en una economía donde poco más del 20% del PIB está asociado a la minería. Chile está entre las cinco mayores economías productoras de celulosa, solo superado por Brasil en Latinoamérica”, explica el economista chileno Alejandro Maureira. De acuerdo con Serfor, la balanza comercial de productos maderables es actualmente negativa para el Perú, ya que importamos US$ 1.000 millones más de lo que exportamos.

  • Fuente: http://www.americaeconomia.com/negocios-industrias/que-pasa-con-la-industria-forestal-en-el-peru
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