Ernesto Ráez es uno de los científicos peruanos firmantes de una carta dirigida a los presidentes y ministerios de Perú, Bolivia y Brasil. El biólogo peruano Ráez, junto a profesionales muy preparados que están trabajando en universidades, institutos y organizaciones técnicas en estos tres países, han generado una alarma, basándose en la medición satelital de puntos de calor que se hace desde Brasil, con equipos de primera. Algunos de ellos trabajan directamente con el monitoreo de Brasil para el bosque amazónico, que es el más completo y moderno que hay. “Confluimos en esa triple frontera años atrás, en una iniciativa ciudadana que se llamó MAP, por Madre de Dios, Acre y Pando. En Brasil hay una capacidad instalada muy fuerte de monitoreo ambiental y son ellos los que han generado esta alerta. Cuando yo estuve en la Cayetano Heredia también teníamos un observatorio de fuego en el 2011 y producíamos boletines mensuales sobre el estado del clima y las ocurrencias de quemas y fuegos en Madre de Dios. Eso ya no existe en el Perú”. Lo que se desprende de una publicación de María Luisa del Río, el 25 de agosto reciente. También se dijo en su momento que: “La presencia de El Niño en nuestro país producirá una sequía muy fuerte que puede originar incendios forestales. Tiene un efecto directo”, le dijo al diario Correo el ingeniero forestal de SERFOR Hugo Carrillo Vargas. SERFOR es el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre. Carrillo sabía de qué hablaba. La Amazonía de Perú, Brasil y Bolivia vive una de las peores sequías de los últimos 50 años. El bosque tropical amazónico se está quemando últimamente. El Fenómeno del Niño vivido entre el 2015 y el verano de 2016 produjo severas sequías cuyo resultado fueron incendios forestales muy extendidos que, a su vez, incrementaron especialmente la concentración de CO2, dióxido de carbono. A más CO2, mayor efecto invernadero, más calor y más contaminación del aire por humo. En el Perú esta actividad es muy común en la amazonía y en los andes. Los agricultores, en su afán de renovar la tierra (en la zona andina) o de abrir terreno para poder cultivar algo (en territorio amazónico) queman la vegetación, acción que se sale de control y termina provocando un incendio forestal. Los incendios forestales acaban con la biodiversidad, queman árboles, matan gente y animales, generan deforestación, erosionan los suelos y aceleran la desertificación. Disminuyen el agua de manantes y ríos. El ecólogo Ernesto Ráez, biólogo, ex consultor en el Ministerio del Ambiente, miembro de Pro Naturaleza y profesor en la Universidad Ruiz de Montoya, me habla con auténtica preocupación y conocimiento del tema: “No se trata de satanizar una práctica agrícola muy antigua. En la selva, para abrir terreno, la otra opción sería una mano de obra de desyerbe, pero saldría carísimo, unas cuatro veces más caro en jornales, porque necesitarías a muchas personas trabajando. Entonces quemar tiene sentido y tiene racionalidad. No hay que ver el fuego como todo o nada. Un agricultor te lo explica. Quemar es más rápido, más barato y la única opción para sus bolsillos.” Se explica que durante las sequías extremas, la vegetación y la hojarasca pierden mucha humedad, se hacen mucho más propensas a coger fuego y arden a mayores temperaturas, de modo que los incendios ocurren con mayor facilidad y resultan más destructivos. Este año -según afirma la carta enviada a los mandatarios- ya se observa un incremento maligno del número de quemas e incendios forestales. En la región trinacional “MAP”, donde confluyen los departamentos de Madre de Dios (Perú), Acre (Brasil) y Pando (Bolivia), entre el 1° de enero y el 30 de julio de este año, los satélites han detectado 894 focos de calor, indicadores de quemas e incendios. Esto es más de dos veces lo registrado en el mismo periodo de 2005 y casi cuatro veces lo registrado en 2010, años de sequías devastadoras. En 2005, por ejemplo, 400 mil hectáreas de la región MAP fueron víctimas del fuego, y la selva amazónica, sometida a duro estrés, transfirió a la atmósfera más gases de efecto invernadero que todos los países industrializados juntos. Los indicios preocupantes no se reducen al fuego: en el río Acre, una cuenca compartida por nuestros tres países, el nivel del agua a la altura de Río Branco (Brasil) ya se encuentra medio metro por debajo de las cotas mínimas alcanzadas en los dos años anteriores de sequía grave. Este año, los perjuicios de las quemas y el desabastecimiento de agua podrían alcanzar magnitudes imprevisibles. En la parte que corresponde a Perú puede verse que este año Tambopata ha tenido 30 veces más incendios que el año pasado. Tahuamanu 20 veces más. Así, Ráez no esconde su sorpresa ni su preocupación: “Desde junio estuvimos viendo temperaturas y niveles de sequedad del ambiente muy superiores a los de años anteriores de sequías graves. Ahora estamos viendo venir a la sequía más grave del último medio siglo, por lo menos. Cuando hablamos de calentamiento nos referimos a cantidades inimaginables de energía que están acumuladas en el planeta, entre la atmósfera y el mar. Esa energía puede conducir a que se formen grandes huracanes, como a arrastrar aguas de un lugar a otro, entonces puede significar tormentas en un lugar y ausencia de lluvias en otro. El cambio climático hace que ya no podamos predecir nada. El clima en el planeta está cambiando constantemente. Sin embargo este fenómeno de sequías severas en la Amazonía y lo que ocurre con el fuego en una sequía severa, nos lo sabemos de memoria. Por eso la alerta. El bosque muere. En la sequía de 2005 Acre perdió medio millón de hectáreas de bosque. En el Perú no lo contamos porque no tenemos ese monitoreo. Esa vez trabajamos el tema con el gobierno regional de Madre de Dios de ese entonces, que aprobó un plan de control y fiscalización de incendios forestales. Y la ley forestal dictamina que debe existir un plan nacional contra los incendios forestales, pero en la práctica no existe, ni siquiera a nivel educativo. El mejor equipo de control de incendios forestales que hemos tenido fue establecido por la cooperación finlandesa para Machu Picchu. Esto fue hace unos 10 años atrás, aparte de ese esfuerzo no conozco ningún otro”. BOSQUE AMAZÓNICO TROPICAL TAMBIÉN ES VULNERABLE AL FUEGO El bosque tropical natural nunca se quema, es muy húmedo y se resiste al fuego, pero en épocas de sequía severa sí puede llegar a estar tan seco que se incendian los árboles. Este fuego normalmente no pasa de recorrer solo la superficie del bosque, quema el suelo, la hojarasca. Pero igual el bosque amazónico es extremadamente vulnerable al fuego así sea superficial, aunque no toque el tronco y menos la copa. Porque los árboles en pie empiezan a morir después de dos semanas de incendios, por más que sean tan pequeños que no llegan siquiera a ser registrados por los satélites. Lo que ocurre es que los árboles en el bosque amazónico tienen un colchón de raíces superficiales que son necesarios para atrapar nutrientes. Los árboles amazónicos, para su sustento, dependen no de raíces profundas sino de las que atrapan instantáneamente la materia orgánica del entorno en descomposición, su alimento. Entonces uno ve los árboles en pie y parece que no les hubiera pasado nada, pero un mes más tarde caen muertos de sed y de hambre. Todo esto ilustra cómo la selva, por su humedad, es muy resistente a que ingrese el fuego, pero una vez que ingresa arrasa con ella. Otro aspecto es la intensidad del fuego, la llama es más fuerte mientras más seco y más soleado el entorno. Existe, este 2016, un altísimo riesgo de que las quemas agropecuarias, habituales entre agosto y octubre, escapen completamente de control y produzcan intensos incendios forestales, causando perjuicios económicos, humanos y ambientales inaceptables. CIENTÍFICOS LANZAN ADVERTENCIAS SERIAS Los 24 científicos firmantes concluyen con advertencias serias: La efectividad del conocimiento, las herramientas y capacidades con que contamos ha sido demostrada satisfactoriamente en Acre. Así, el año 2010, el sistema de vigilancia, control y sanciones –establecido a raíz de las pérdidas de 2005– permitió reducir a la mitad los focos de calor, aunque la sequía de 2010 fue más intensa. La previsión y la actitud ejecutiva rinden buenos frutos. En consecuencia, invocamos a las principales autoridades de nuestros hermanos países a decretar inmediatamente alertas climáticas y a establecer, mediante las organizaciones competentes, protocolos de vigilancia, sanción y control de quemas agropecuarias en todos los territorios andino- amazónicos, por lo menos para los meses más álgidos de la estación seca: agosto, septiembre y octubre. No exageran. La primera semana de agosto, el alcalde de la provincia de Sandia, en la Amazonía de Puno (Perú) tuvo que solicitar el apoyo de helicópteros para controlar un incendio forestal que en solo tres días consumió medio centenar de hectáreas. De demorar las medidas preventivas que aconseja la misiva, no alcanzarán los helicópteros ni presupuestos de nuestras tres naciones, para evitar el peor escenario posible. Para Ernesto Ráez la prescripción es muy sencilla: “Si el día está demasiado caliente y ventoso, prohibido quemar. Pero la gente hace lo contrario, para que les sea más fácil generar la llama. Luego todo se les sale de control y por eso tenemos damnificados por incendios forestales todos los años. Lo único que tendríamos que hacer es utilizar la capacidad instalada por Brasil, no hay que inventarse nada ni gastar un centavo. Brasil ofrece este monitoreo gratuitamente al mundo. Lo único que hay que construir sobre eso es la capacidad de respuesta oportuna en campo. Si la predicción del tiempo habla de climas calientes y ventosos, y si como autoridad ves una columna de humo que se levanta sobre las copas de los árboles, vas hacia allá en tu camioneta y sancionas al responsable, que teóricamente debería pagar su delito con cárcel. Porque, ojo, estos fuegos siempre se inician en torno a las carreteras”. Mientras tanto el nuevo gobierno, que todavía no emite una respuesta oficial a la carta, ha anunciado el próximo lanzamiento de un satélite peruano comprado a Francia que contribuirá, entre otros monitoreos importantes, con la detección de incendios. Pero que quede clara una cosa: el monitoreo ya existe y Brasil lo ofrece gratuitamente. Lo que necesitamos es acción acá abajo, que los gobiernos regionales sancionen y fiscalicen, destinar recursos para eso, que no son muy costosos. Un helicóptero bombero sí es costoso. Se trata de prevenir.

  • Fuente: http://diariolaregion.com/web/el-cambio-climatico-hace-que-ya-no-podamos-predecir-nada/
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